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VIII concurso del cuento corto, MI ADOLESCENCIA

MI ADOLESCENCIA

Hoy es un día relativamente bueno, pero solo hizo falta un comentario para que todo diera un giro extraordinario. ¡Tú no sierves para nada! Y eso era capaz de arruinar mi día. Y si lo pienso bien, puede ser verdad; era una tarea muy sencilla la que me habían colocado, solo sé perfecta, sencillo. Pero la verdad no sé qué me pasa. Cada vez soy más distraída. Me paro frente al espejo para terminar de alistarme para ir a la escuela y escucho una voz extraña.

—¡Mírate, no sirves para nada! ¡Nunca vas a ser nadie en la vida! Mírate ese cuerpo: no eres ni inteligente ni linda. 

Me quedé extrañada por la voz que provenía del espejo, pero tenía razón. Al llegar de la escuela estaba muy feliz porque logré conseguir una buena calificación, lo que me hizo ganar la materia. Me dirigí muy orgullosa a mostrarle a mis papás mi gran logro, a lo que ellos me respondieron. Ay, mira por fin algo bien; es lo mínimo que puedes hacer.

Eso me dolió; en realidad esperaba otra respuesta, tal vez un "felicitaciones, hija" o "lo hiciste muy bien", pero no fue así. Llegué a mi habitación y nuevamente escuché esa voz, esa que solo quiere hacerme más daño.

- Tus papás tienen razón; eso que lograste hoy no fue nada.

Se me entristecieron los ojos al punto que una lágrima salió. Me sentía decepcionada de mí; ya no tenía ganas de hacer nada más, ni de demostrarle a los demás que sí soy capaz. 

- Ay, mira la niña llorona, por esa bobada va a llorar, madure. Me dijo esa vos que provenía del espejo 

Y por un momento sentí tanta tristeza que no quería escuchar otro comentario que me hiriera, así que tome lo primero que encontré y se lo tire al espejo. Cerré los ojos y al instante había muchos vidrios tirados en el suelo, uno de ellos me alcanzo a lastimar, pero lo mejor es que esa horrible voz ya había desaparecido.

A la mañana siguiente me levante con un semblante nuevo dispuesta a mejorar cada día más, y preparada para que los comentarios de las demás personas no me afecten. Y en ese momento descubrí que la vos extraña no era el espejo, era mi subconsciente y solo me faltaba un poco de valentía y fuerza para callarlo.



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