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VIII concurso del cuento corto, MOSCAS DE SANGRE

 MOSCAS DE SANGRE

Llegué a casa una hora más tarde de lo usual, el estómago me dolía tanto que creí que iba a vomitar, platos sucios, papeles tirados en el suelo y el cuerpo de una rata muerta eran las cosas que adornaban mi casa, la cabeza me dolía y sentía que el olor del cuerpo de mi amado se extendía desde mi cama a la sala.

- Mañana será mejor.

Era la frase que repetía siempre al sentir su olor, me tiré en el sofá y encendí el televisor, al no encontrar nada pensé que lo mejor sería ir donde Valentino y aplicarle un poco de formol.

- Mierda, se acabó.

Abracé mi rostro con un cubre bocas y abrí la puerta del cuarto, ahí estaba mi amado, cabello de oro y ojos cerrados, sin brazos, ni piernas, con la garganta abierta y los genitales afuera.

Quería abrazarlo, pero temía que su cuerpo de dos semanas oliera tan mal que hiciera a mis tripas sonar, me adentré al espacio; las cucarachas invadían el lugar, el recuerdo de sus ojos ojos verdes azotaba mi lóbulo temporal, quería que se quedara, no debió acostarse con mi hermana, aquella mujer que seguía en la silla de la esquina, viva y atada.

- ¿Tienes hambre? – le pregunté.

Ella asintió, su desnudo, huesudo y asqueroso cuerpo gritaba dolor, habían decenas de cucarachas que lamian sus extremidades con fervor y se revolcaban en las heces que salían de su ser; cada que podía le daba laxantes para que nunca le dejara de doler.

Con una sonrisa arranqué un pedazo de estómago del hombre que amaba, fui directo a mi hermana, quité la soga de su boca y se lo hice tragar a las malas.

- Come, perra desgraciada.

Fue una mala idea, ya que empezó a vomitar y moscas salían de su cavidad, intenté arrastrar conmigo a Valentino, ella no me lo iba a quitar, pero las malditas moscas me empezaron a picar hasta que tiraron al suelo mi ser, mi cara tocó la piscina de vomito y materia fecal; la perra nunca paró de vomitar y de cagar, sus moscas eran carmesí. Las moscas que tenía Valentino dentro de él ahora estaban dentro de aquella mujer, se la habían comido viva a ella y no a mí, ni siquiera para eso él me quiso elegir.



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