Ir al contenido principal

Quinto Concurso de Cuento Corto: Gente sombra

                  

Mi abuelo decía que la humedad y “la tierra” producen sonidos extraños, pero aun esta en mi mente plasmada la última vez que entre a ese sótano jugando escondidas. Húmedo, semioscuro, atravesado por pocos rayos que venían de la puerta de madera que era su entrada, funcionaba como una bodega de muebles viejos y electrodomésticos de otras épocas, que mi abuelo juraba arreglar algún día. Al entrar a aquella última vez me escondí detrás de un sofá polvoriento y antiguo, mientras uno de mis primos terminaba el alegre conteo y los otros buscaban escondites diverso por toda la casa, pero solo yo me aventuraba a esconderme en ese sótano. De pronto escuche un quejido lento y casi apagado, luego un gruñido profundo, me alertó, sentí recorrer un frio en todo mi cuerpo y quede paralizado, en shock.

 

Una sombra profunda de una silueta humana podía ver por el rabillo del ojo, mientras paralizado de cuclillas estaba detrás de ese polvoriento sofá. La sombra solida se pasea, se detiene cuando llega a la pared posterior del sótano, y ahí se queda. Un quejido, un gruñido y cae al suelo, parece luchar contra algo y luego se disuelve, para reaparecer detrás de mí. Recupero mi movilidad, y solo quiero huir de ahí, correr con todas las fuerzas que tengo, el pánico y el horror de un niño que ha visto lo nunca creíble me dan velocidad sobrehumana, la puerta de madera se abre al golpe de mi cuerpo y salgo hacia el patio, me desmayo y solo recupero conciencia cuando mi abuelo me recoge del suelo, mi primos me rodean y curiosos me hacen muchas preguntas. Me sentía mudo, solo pude pronunciar palabra dos días después.

 

Pasan más de cinco días y vuelvo a la casa de mi abuelo para pasar las vacaciones, en mi mente de niño había miedo y muchas preguntas. Mi abuelo nos cuenta a mis primos y a mí, una historia sobre el antiguo dueño que vivía en la casa, en soledad sin familiares o conocidos, excepto su jardinero que era su única compañía, su extraña desaparición, de cómo el jardinero paso a ser dueño del terreno, y que la casa que fue vendida a mi abuelo hace muchos años.

 

Una leyenda circulaba sobre un tesoro escondido y no encontrado, aunque al desaparecer su jardinero busco por toda la casa, no encontró nada.

 

Unos días después nos llega una inesperada visita, el ex jardinero de la propiedad, su nombre, Raúl, de facciones recias, de contextura gruesa, tendría unos cuarenta y cinco años para ese momento, divisaba algunas canas entre su gorra.

 

Se encontraba muy interesado en hablar conmigo, pues mi abuelo en alguna conversación ocasional había comentado mi experiencia de hace unos días. Con ojos fijos se acerca a mí, me pregunta sobre lo que vi, vuelvo a contar mi historia y señalo el sótano, pide que le dejen verlo, aludiendo que puede ser una zarigüeya con su cría, la que produce los sonidos y que yo en mi mente de niño creí ver otra cosa.

 

Mi abuelo accede a que entre al sótano y me pide que me quede en la puerta mientras él va por algunas linternas, temblando y recordando la terrible experiencia, acedo. Raúl aprovecha y entra de golpe dejando la puerta abierta tras de sí.

 

Gruñidos, silbidos, quejidos…Veo como una sombra solida de un hombre sorprende a Raúl lo toma por el cuello con su grandes manos de oscuridad profunda y repite con una voz gutural y casi animal :

Mataste..Dinero..Amistad..Muerte…Raúl…El hombre es jalado hacia la pared posterior y desaparece, luego todo silencio….

 

De ahí en adelante nadie se explica lo sucedido, mi abuelo sostiene que Raúl, se fue y nunca entro a ese sótano, que su extraña desaparición se debe a que se marchó sin avisar como a veces lo hacía cuando se emborrachaba en el pueblo cercano, apareciendo muchos días después.

 

Lo cierto es que nunca apareció, los sonidos del sótano cesaron y nunca más se vio aquella sombra, aún recuerdo, y en mis pesadillas solo veo la cara de desesperación de Raúl agarrado por el cuello por esas manos de oscuridad profunda, mientras es jalado al vacío sin retorno….

 

Por Padavi


Comentarios

Entradas populares de este blog

Concurso Cuento corto: LA NEGRA CARLOTA

LA NEGRA CARLOTA Ahí viene! La negra Carlota que se pasea por la plaza, los chicos se vuelven locos por su cintura y su cadera. Pero mira que no ven lo que lleva por dentro, se siente triste, absolutamente sola, denigrada y sin dignidad aluna. Por qué todos los días, tiene que salir a vender su cuerpo, para poder mantener a sus ocho hijos. MARIA CUENTO

Carta al desamor: "Te extraño"

Te extraño (Autora: Martina) <<Me duele pensar que todo es pasajero, me duele aceptarlo, y en esa misma lógica, aceptar que un día te irás, seguirás tu vida y tendrás muchas risas sin mí, al lado de alguien que no esté tan remendado>> Recuerdo muy bien el momento en que leí eso. Cuando lo hice me di cuenta de que te amaba más de lo que antes creía hacerlo, añoré estar a tu lado en esos momentos y que lo hubieras dicho mirándome a los ojos; te habría abrazado tan fuerte como nunca lo hice y te habría besado como siempre quisiste que lo hiciera; te habría hecho sentir que para mí nunca iba a haber alguien más, que pasaba mis días con el temor de perderte, que a medida que compartíamos nuestros días y nuestras vidas, aunque fuera por momentos, empezaba a querer compartir contigo el resto de mis días, empezaba a querer entregarte toda mi vida, y ser completamente devota a ti. No debí hacerlo. Lo sé. Pero es imposible controlar lo que sientes y hacia quien lo...

Concurso de Cuento corto: La Paz se hace letra 20.17: LA ARAÑA QUE NO SABÍA TEJER LA TELARAÑA

LA ARAÑA QUE NO SABÍA TEJER LA TELARAÑA “ Un montón de circunstancias, me presionaron a elegir; cuenta me di entonces que empezaba a vivir” Cuentan los insectos que hace tiempo vivió una araña que dizque no sabía tejer su telaraña, porque según era muy testaruda, le decían “la araña sorda” a pesar de que oía, pero no escuchaba. Que era tan flaca como un asterisco puesto que llevaba una obligatoria dieta en lugares con muy pocos insectos de su gusto. Las arañas viejas, los caracoles, los gusanos, las grandes hormigas, intentaban aconsejarla de que buscara un lugar digno de su especie para llevar la dieta que se merecen las buenas arañas y sobre todo que aprender a tejer; pero ésta se negaba a escuchar y presuntuosamente les contestaba: “¿Qué van a saber ustedes de cómo tiene que vivir una araña como yo? ¿Acaso ignoran que la naturaleza me ha dotado con el instinto de cazadora?”, al parecer, era ella que no comprendía quién ignoraba tal asunto. Es tanto, que una...