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Quinto Concurso de Cuento Corto: LA PRIMERA DOSIS.

 

 

Brayan, notificado por Twitter sobre la llegada de la vacuna Moderna a Colombia, comenzó la maratónica tarea de difundir la información a sus amigos treintones, que como él, estaban habilitados para vacunarse.


Tres días demoraron los trámites burocráticos para que ciento cincuenta mil vacunas llegaran a Cali, noventa puntos fueron habilitados. Ese jueves la ciudad comenzó a estremecerse desde las cinco de la mañana, Brayan tenía programado asistir desde las seis, como si se tratara de pedir una cita a la EPS o reclamar medicamentos, pero terminó saliendo a las nueve.

-Me voy- dijo Brayan mientras amarraba sus cordones.

- Espérese, ¡Cómo se le ocurre ir sin desayunar!

-Eso no tiene nada que ver mamá, no es un examen de sangre.

- Tiene que ir desayunado para que le haga efecto porque esa vacuna es muy fuerte- respondió implacable doña Martha mientras revolvía dos huevos. – imagínese que se desmaye.


Huevos pericos con trozos de salchicha, café, acema con queso y manzana picada fue el desayuno.


Eran las diez cuando Brayan llegó al punto de vacunación del Centro Comercial Único. La fila para entrar al pabellón de los bendecidos, donde antes funcionaba una tienda deportiva, fluyó sin mayores inconvenientes. Adentro, el lugar estaba distribuido por tres zonas. La primera, una pequeña sala de espera ubicada al extremo izquierdo donde podían aglutinarse con un metro de distanciamiento entre sillas, treinta y seis personas. La segunda, a la cual se accedía a medida que iban desapareciendo los vacunados y donde se tomaban los datos personales, estaba distribuida en nueve filas de doce sillas. La última zona, ubicada en frente de las anteriores, era el punto donde se vacunaba, sólo llegaban grupos de veinticuatro elegidos.  Brayan tuvo que esperar cuatro horas para que la enfermera de traje azul le dijera, “¿usted es zurdo o derecho”.


La primera hora se caracterizó por el silencio. Personas enfocadas en su celular, otras muy analíticas mirando el proceso de vacunación y otras cuantas estáticas acariciando el turno de papel que se asignaba a la entrada del local. La segunda hora llegó acompañada por el calor, la espera comenzó a generar intranquilidad. En la tercera, los protocolos de bioseguridad comenzaron a quebrantarse: tapabocas por debajo de la nariz, personas conversando con sus vecinos de al lado o del frente, niños corriendo por el lugar, hubo mucho ruido. Llegada la cuarta hora, el calor era insoportable y lo que en principio parecía una obra geométrica tenía ya un aire a galpón.


Fatigado por la espera, un hombre de treinta y un años decidió quebrantar el orden e ingresó con un grupo de veinticuatro elegidos. Una enfermera lo detuvo, le pidió que regresara a su silla a lo cual el hombre se negó. La gente comenzó a abuchearlo durante algunos segundos, después fueron insultos. De entre la tribuna, un hombre de unos cuarenta años que espera por su segunda dosis se acercó para reclamarle.


-Ya hemos esperado suficiente como para que un hujieputa como vos se tire la jornada- el lugar, por primera quedó en silencio.


Un upper cut fue conectado a gran velocidad sobre la mandíbula del hombre que terminó sobre una señora de verde, que asustada comenzó a gritar. Las enfermeras entraron en pánico y una de ellas que sufría de los nervios, se desmayó dejando caer una lonchera, que al impacto con el suelo salieron a rodar pequeños frascos de tapa roja.


- ¡las vacunas, cuidado con las vacunas! – gritaron de la tribuna.

- ¡saquen a ese loco ¡

- ¡saquen a ese hijueputa loco! – regresaron los insultos.

- ¡Llamen a la policía!

- ¡Grábenlo!


El saboteador alzó sus brazos a la altura de su rostro y en posición defensiva esperaba la llegada de un nuevo oponente.


Sillas comenzaron a ser lanzadas, e inmediatamente una de las enfermeras con la valentía de los que militan en la primera línea se paró en frente del saboteador alzando las manos. Otra de ellas, con traje azul, corrió desesperada por una jeringa, la desempaco, armó y levantando uno de los tarros del biológico del suelo, preparó la dosis requerida. Con miedo, le pregunto al saboteador que la miraba.

- ¿Usted es zurdo o derecho?

-Derecho – respondió Bryan.



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