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Quinto Concurso de Cuento Corto: Un nuevo despertar

 


Por MaPart


Cuando se despertó alcanzo a divisar el resplandor del sol a través de la ventana. No había sido tan difícil dormir aquella noche, los sonidos de las máquinas ya le eran familiares. Aún se sentía agotada; cómo si acabara de llegar de un triatlón cuya meta no hubiese sido alcanzada. Pero no le importaba, aquel día sería uno de los memorables, aquellos que sabia iba a recordar por siempre.


 

No era tan lejano cuando había estado con esa sensación súbita de ahogo; donde se escapaba el aire sin poder hacer nada, aunque estuviera disponible no era tan sencillo lograr respirar. Ese día supo que vendría un largo camino, que ella ya conocía como anillo al dedo y que no iba a ser tan fácil de traspasar; muchos ya habían perdido la batalla aún teniendo toda la energía para superarla.


 

Desde que todo inició había visto a varios con historias similares a la suya; algunos más jóvenes, otros mayores. Cada uno sobrellevaba el estar lejos de diferentes formas para no olvidarse de quienes eran en realidad, logrando así alejar la tristeza, el temor y el miedo; haciendo que brotara el rayo caluroso de la esperanza en los momentos más oscuros.


 

Desde su ingreso a ese cuarto tenue y ruidoso había deseado que aquel día llegara. Durante el proceso pensó y casi cree que no lo lograría; el dolor, la fiebre, la debilidad, el desgaste y la soledad casi le hacen desfallecer en un abismo sin fondo. Pero aún en los dias más sombríos y difíciles siempre había tenido claro que cada segundo hacia la diferencia, que eso era un lapso; solo eso, un momento dentro de su tiempo aun no contado por vivir.


Aquel día dejaba atrás el dolor punzante de las agujas, el murmullo indomable de las bombas de infusión, la sensación de no poder tomar aire de su entorno, la angustia de no poder respirar y el sueño entrecortado. Sabia que tenia una nueva oportunidad y que no la iba a desaprovechar; sobre todo iba a decirle y hacerle sentir a los suyos cuanto los amaba, quería conocer lugares que antes no imaginaba ver para dejarse maravillar por lo desconocido, y no menos importante quería continuar siendo un apoyo para los que lo necesitaran desde el otro lado de su realidad.


 

Nunca había pasado por su mente que en algún momento podría ser la paciente, siempre había estado detrás del fonendoscopio y la careta. Había aprendido que la vida era un vórtice, que de un momento a otro esta podría cambiar.


Ese día le demostraría al mundo que había logrado superar ese altibajo porque saldría del pabellón de aislados de la Unidad de Cuidado Intensivo; volvería a ver la luna desde su balcón, a sentir la luz de luna en su piel y a respirar ese aire gélido que le haría sentirse allí presente: viva.


Sabia que en cuanto pudiese, su bata blanca y su vida detrás de ella la estarían esperando.



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