Ir al contenido principal

Quinto Concurso de Cuento Corto: La Dicha Del Remordimiento

 


 

-       Abuelo, ¿Por qué las personas odian?

 

-       Ay, mi niña, me pones en aprietos con esas preguntas… ¿Por qué preguntas?

 

-       Es que ayer pise a Gabriel mientras jugábamos. Se puso a llorar y me miro muy feo, como… como… si no fuera su hermana, y me dijo que me odiaba.

 

En aquel rostro del hombre mayor se dibuja una sonrisita picaresca ante el relato de su nieta.

 

-       ¿Cómo te hizo sentir? –pregunto el señor.

 

-       Pues, al principio me asuste cuando lo pisé –respondía la niña-, pero cuando miré su cara roja y con una expresión tan rara, me sentí… muy mal, como si hubiese hecho algo muy, muy malo.

 

-       Mira, querida, en el mundo hay millones de personas que viven y que han vivido infinidad de historias, cada una de ellas con sus particularidades. Pueden haber cometido los actos más crueles que se pueden imaginar y aun así seguir sus vidas como si nada pasara. Cuando tú me dices que te sentiste mal por haberle hecho daño a –lo interrumpió inmediatamente su nieta-. Pero fue un accidente.

 

-       Oh, sí, si –se desprendió una gran sonrisa de aquel hombre mayor-, fue un accidente, claro que sí. Pero el caso es que, y lo hace aún más importante, cuando por un accidente te sientes mal, eso te hace un gran ser humano –estiro su mano para acariciar la cabecita de su nieta y en su mirada se lograba percibir una gran ternura-, en este mundo hay personas que le hacen daño a otras personas intencionalmente sin ningún tipo de remordimiento, culpa, eso no te paso a ti. Van por todas partes sembrando odio en otros corazones y luego se van sin tener ningún tipo de reparo en el daño que han hecho.

 

-       Pero yo solo me quedé mirando a mi hermano mientras lloraba, abuelo, ¿eso me hace una mala persona?

 

-       Ay, mi niña –los ojos del hombre se iluminaron-, claro que no, al contrario, te hace una muy buena persona, ese es el inicio para buscar como emendar lo que has hecho. Cuando estés más grandecita, sabrás que hacer cuando por error le hagas daño a alguien. Tranquila, la vida está llena de esas experiencias, y con el tiempo harás lo que te diga tu corazón.

 

El rostro de su nieta reflejaba incredulidad, algo permanecía incierto ante sus ojos, «¿Cómo podía causar daño y no recibir ningún tipo de castiga?», era la pregunta que rondaba en su cabecita y no se aventuraba a expresarla a su abuelo, creía que no recibiría una respuesta satisfactoria.

 

-       Pero, abuelo, yo hice algo malo. ¿Eso no me hace como esas personas malas que le hacen daño a los otros?

 

Después de decir aquello, el señor se tornó pensativo, pensó que con lo que había dicho ya había contestado claramente a la pregunta de su nieta, pero no había sido suficiente. Por unos minutos y ante la mirada increpante de su nieta, pudo hacerse con una respuesta.

 

-       ¿Ves a esas personas? –preguntaba mientras señalaba a las personas que transitaban en el parque.

 

-       Si.

 

-       ¿Puedes decirme que están pensando?

 

La niña se quedó pensativa.

 

-       No, abuelo, no puedo.

 

-       Exacto, no puedes saber que están pensado esas personas, lo único que puedes hacer es preguntándoles. Las personas no solo son lo que se ve por fuera, también hay un alma adentro que piensa. Cuando tú te me acercas a preguntarme por algo malo que has hecho, eso me dice que tu alma es muy buena, eso es lo que a la larga importa y vas a ir comprendiendo.

 

Agacho el rostro y después de unos segundos, volvió la mirada a su abuelo y con una leve sonrisa, apenas perceptible, le dio las gracias y corrió rápidamente hacia su madre.

 

Aquellas palabras no parecían ser suficientes para responder la inquietud de su nieta, pero si necesarias para seguir sembrando en aquel espíritu valiente la búsqueda por su verdad. Él sabía que su hija estaba haciendo una labor de madre maravilloso por esos gestos tan conmovedores de su nieta, de los cuales él y el cielo eran testigos.

                                                                 Mnemosine.


Comentarios

Entradas populares de este blog

Concurso Cuento corto: LA NEGRA CARLOTA

LA NEGRA CARLOTA Ahí viene! La negra Carlota que se pasea por la plaza, los chicos se vuelven locos por su cintura y su cadera. Pero mira que no ven lo que lleva por dentro, se siente triste, absolutamente sola, denigrada y sin dignidad aluna. Por qué todos los días, tiene que salir a vender su cuerpo, para poder mantener a sus ocho hijos. MARIA CUENTO

BiblioExperiencia: Manuel López Izquierdo: el escritor del futuro

Leidy Xiomara Ponce Castillo Autora: Leidy Xiomara Ponce Castillo Estudiante Es un poco confuso lo que enocasiones se le ocurre a los hombres. Unos creen que con el hecho de madurar indican sabiduría. ¡Qué error! La gente se pone más tonta porque esconde al niño para sacar al hombre Lexi P11 Esta frase podría definir la vida e historia de Manuel López Izquierdo; aunque nadie hubiera dado un centavo por él, es hoy por hoy un escritor de cuentos infantiles. Sus libros desde hace poco han logrado introducirse en muchos hogares de nuestro país, y piensa extenderse en otros países como Chile, Ecuador y México. Manuel López Izquierdo un hombre que desde hace 48 años habita este planeta con el fin de disfrutarlo; apasionado por la vida y por todo lo que está a su alrededor, le encanta escribirle a la muerte, al anciano que estuvo y ya no está, a las mujeres y su profundo sexto sentido, a la sociedad, la naturaleza, al canto de las aves y hasta al r...

VII Concurso del cuento corto, MI GRAN AMIGO EL SICARIO

  Alex es un niño de tan solo nueve años, juega todas las tardes en su bicicleta con sus amigos en el parque de sol a sol. Viven de lo que su madre consigue algo escaso, pero con amor. Su madre trabaja de casa en casa, deja a su niño en la escuela, rumbo a la odisea, camino al apuro de tenerle en la mesa un buen manjar, estregando, estregando Teresa quiere que su niño vea ese esfuerzo, el de trabajar.   Ya es mediodía, Alex sale de la escuela con amigos y sonrisas a sus casas van a dar, llega a la suya encontrando a mamá con un buen plato de comida que se sientan a disfrutar.   El reloj marca las cuatro, una tarde agradable, Alex llega al parque donde se encuentran sus amigos, juegan, se divierten. Se pone dichoso al ver llegar a su mejor amigo, ¡hola! Juan, mi parcero como vas, crecieron juntos en el barrio, desde muy chicos se hicieron hermanos. Alex y Juan junto a los parceros, salen en las tardes todos los días a contarse historias y a olvidarse de su realidad...