¡No te quedes! En medio de la tarde nublada, él se empeñaba en asear su apartamento antes de que ella llegara. Cuando Eloisa se acercó descubrió que él había preparado una cena para ellos. Tras una hora, José le confesó: — Viendo una taza de café recordaba la mañana que nos arropó, la misma que se ocupó en descifrar laberintos entrañables de lo que fuimos. Sin un ayer que descubriera el sentido de un mañana certero para muchos, pero incierto para nosotros. ¿Nosotros? Diría que, para mí inicialmente que me desplomo en caminos de incertidumbre por tu despedida. — ¿Nosotros, no? — respondió ella, mirándolo fijamente — ; quizá sea tal vez una virtud o un error dejar de escribirte, o de leerte. No leerte es mi desconocida manía y tu tormento. — ¿Te irías aun sabiendo que ya no me amas? — preguntó José. — ¿Quién te dijo que me iría? — dijo ella, mientras tomaba las llaves del auto. — No lo sé — respondió él, con más dudas que certezas en su cabeza — . P...