Ir al contenido principal

Entradas

Quinto Concurso de Cuento Corto: ¡No te quedes!

  ¡No te quedes!   En medio de la tarde nublada, él se empeñaba en asear su apartamento antes de que ella llegara. Cuando Eloisa se acercó descubrió que él había preparado una cena para ellos. Tras una hora, José le confesó: — Viendo una taza de café recordaba la mañana que nos arropó, la misma que se ocupó en descifrar laberintos entrañables de lo que fuimos. Sin un ayer que descubriera el sentido de un mañana certero para muchos, pero incierto para nosotros. ¿Nosotros? Diría que, para mí inicialmente que me desplomo en caminos de incertidumbre por tu despedida. — ¿Nosotros, no? — respondió ella, mirándolo fijamente — ; quizá sea tal vez una virtud o un error dejar de escribirte, o de leerte. No leerte es mi desconocida manía y tu tormento. — ¿Te irías aun sabiendo que ya no me amas? — preguntó José. — ¿Quién te dijo que me iría? — dijo ella, mientras tomaba las llaves del auto. — No lo sé — respondió él, con más dudas que certezas en su cabeza — . P...

Cuarto concurso de cuento corto: NOCHE DE VIERNES

NOCHE DE VIERNES Para Héctor, con treinta años y bastantes kilos de más, un viernes en la noche significa recibir la cena a domicilio, ver la serie de turno y observar la vida de otros en redes sociales. Por momentos se concentra en el teléfono. Facebook le inyecta una dosis de nostalgia recordándole una foto de hace cinco años con su parche: Natalia, Jhon, Alba, Walter y él; contentos, disfrutando de una noche de fiesta en el bar donde iban siempre. Héctor se traslada en el tiempo al momento de la foto: «¿En qué andarán estos locos ahora?», comparte la imagen y los etiqueta a todos. Sentado en un andén a la orilla de la autopista, junto a su bicicleta estropeada se encuentra Walter revisando los raspones de su brazo. Minutos antes un inepto al volante lo arrolló, y se dió a la fuga. Walter toma su celular para llamar un taxi y se encuentra con la notificación del post de Héctor, like y comenta: ​ Ufff como viejita la foto nooo jajajjaja los buenos parches ​ ....

Cuarto concurso de cuento corto: Ahora es para siempre.

Ahora es para siempre. Kalka acostumbraba a decirnos, con su voz carrasposa y serena, que su condición no era permanente, sino una cuestión pasajera en proceso de mejora, y se recostaba a la pared a mirar el cielo por la ventana; Y no le llevo la contraria, son cosas que uno puede decir cuando tiene cinco o diez años de pena; cuando está encerrado por error y con un buen abogado y buen comportamiento puede salir antes; cuando se tienen ayudas gubernamentales. Sin embargo mi cadena es perpetua, cada quien carga su cruz claro, pero no me acostumbro a la idea de estar aquí, en la celda 33, con dos presuntos asesinos, toda mi vida, o hasta que ellos salgan. En las mañanas, cuando salimos de las celdas al tiempo de esparcimiento, los prisioneros solo sentimos latigazos de los guardias; y la escupida mirada de un cielo que quizás nos ha olvidado. Al medio día nos clavan un plato de lentejas frías, -‘‘perdónalos dios tu que todo lo puedes, porque si yo pudiera a todo los...

Cuarto concurso de cuento corto: SANDRITA Y SU PRIMER VIAJE ESPACIAL

SANDRITA Y SU PRIMER VIAJE ESPACIAL El bus pegó un brinco tan alto que de haber estado despierta, Sandrita no hubiera desaprovechado la oportunidad de palpar y hacer figuras con las nubes. Ya en tierra, todos en el bus se zangolotearon y Sandrita despertó bruscamente experimentando un revolcón de pecas en su rostro, así como la simulación de levitar que terminaba con un golpe seco del coxis contra la silla de cuero; una extraña sensación para una niña de tan solo cinco años. -Tranquila mi amor, fue solo un hueco – le dijo con ternura la madre reprimiendo el enojo contra el conductor- no te vayas a dormir de nuevo porque ya casi tenemos que bajar. Sandrita a pesar de la turbulencia siguió somnolienta pues desde la noche anterior no había podido conciliar el sueño después de que su madre le informara: “mi amor, mañana lunes quiero que te pongas el vestido de flores porque en la tarde iremos hasta La Luna para que conozcas a tu tía Pepa”. La angustia había invadi...

Cuarto concurso de cuento corto: AMOR DE SANGRE

AMOR DE SANGRE Julieta era la mujer más bajita de la clase, también era silenciosa y la que más destacaba académicamente. Yo estaba completamente enamorado de ella, recuerdo con intensidad cada mañana que llegaba y, aunque su pupitre estaba ubicado a diez puestos delante del mío, el olor a jabón cocó de su cabello se esparcía hasta las colinas donde estábamos los más vagos, era algo afrodisiaco para mí. Incluso, me masturbé un par de veces imaginando su cabello sobre mi rostro. Sin embargo, lo que vino después sucedió como dice mi abuela: “en un abrir y cerrar de ojos”. Mientras ella avanzaba yo me quedé en grado octavo durante tres años más. Cuando por fin logré pasar a noveno, y eso gracias a la intervención de mi tío Jaime que le regalaba perico al profesor de física, Julieta ya no estaba. Sólo quedó su foto en un marco de aluminio dorado con una reseña que decía: “Promoción 2019 mejor estudiante”. Diez años después, en una tarde de septiembre, cuando l...

Cuarto concurso de cuento corto: El otro

El otro Fin de semana. Compro cigarrillos y una botella de ron; camino hasta mi apartamento, subo las escaleras, entro en mi habitación, me siento en el sillón, prendo un cigarro, me relajo, disfruto el humo, luego lo expulso, así asfixio las voces, las putas voces. Luego tomo una copa de ron. Repito el proceso muchas veces en la noche. Las voces callan. Me duelen los ojos de cerrarlos con fuerza creyendo que así dejaré de recordar. Me levanto del sillón para ir a orinar, veo la ventana, afuera hay un guayacán meciéndose al capricho del viento, es entonces cuando lo veo: un ser vetusto, flaco, cadavérico, con ojos hundidos como agujeros negros que me tragan. Vuelvo al sillón, me siento de golpe, me froto los ojos con mis manos, tomo un trago y lo paso con una bocanada de cigarrillo. No doy crédito a lo que había visto: Mierda, viene por mí, pero no debo demostrarle miedo. Podría ser producto del trago, ¿Cómo alguien puede estar asomándose desde...

Cuarto concurso de cuento corto: PUESTOS DE CONTROL

PUESTOS DE CONTROL Miralo, Rosario. Está todo el día fumando y trayendo peladas, decía Genaro desde su mecedora estratégicamente ubicada junto a la ventana. La pareja de ancianos solía reposar después del almuerzo en la sala, con el radio mal sintonizado, hasta quedarse dormidos. Él, viendo por la ventana. Ella leyendo periódicos de años atrás que terminaban siendo de hoy por su progresiva pérdida de memoria. Este barrio siempre ha sido decente, Rosario, no me voy a aguantar esta decadencia, ¿me oís? Pero Rosario había estado leyendo la sección de clasificados y ahora soñaba que dormía después de almuerzo en una casa que arrendaban a dos cuadras. Tomás había llegado hace dos meses por un traslado que venía evitando, pues ya le encontraba el gusto a Bogotá y al teletrabajo. Llegó a Cali con Alejandra, que no empacó mucho pensando que se quedarían debido a su reciente estabilidad laboral y tolerancia al frío de los clientes. Fue motivo de pelea las noches en las que Ale...